domingo, 4 de mayo de 2008

DÍA DEL TRABAJO

SALARIOS DIGNOS: RECLAMO EN ESTE 1º DE MAYO

Adriana Argudín Palavicini

Alrededor del mundo las manifestaciones de trabajadores tuvieron un reclamo común: mejores salarios para afrontar el alza de los precios de los alimentos. Apenas unos días antes, en el contexto de las discusiones sobre la crisis alimentaria que amenaza a millones de personas en el mundo, Jean Ziegler, relator de la ONU para el Derecho a la Alimentación, calificó la producción masiva de biocombustibles de “crimen contra la humanidad” y advirtió que el mundo se encamina “hacia un largo período de motines”. Ziegler fue más allá y señaló claramente a los culpables: la política aberrante del Fondo Monetario Internacional, el dumping agrícola de la Unión Europea en África, la especulación bursátil internacional de las materias primas engendrada por los biocombustibles, el gobierno de Estados Unidos y la Organización Mundial del Comercio.

La justeza del masivo reclamo en el Día Internacional del Trabajo es indudable pues en nuestros días, junto a la mayor riqueza producida en el mundo, se levanta, insultante, una enorme miseria de pueblos enteros resultado del hambre de enriquecimiento de unos cuantos, de aquéllos a los que el gran Carlos Marx llamó “artistas de la plusvalía”. Unos, los menos, tienen un hambre atroz de riquezas; otros, los más, tienen hambre de alimentos. De ahí que las grandes economías mundiales hayan hecho caso omiso de las advertencias que organismos como el Fondo de la ONU para la Agricultura y la Alimentación (FAO) ya les había hecho, y hayan procedido como lo han venido haciendo: los señores del dinero, simplemente, han dejado correr las cosas hasta llegar a la situación actual, que ha comenzado a considerarse como la primera gran crisis alimenticia desde la II Guerra Mundial de la que ya se ven directamente afectados más de 37 países de África, Asia y América Latina que representan un total de 89 millones de personas.

A nivel mundial, según datos de la FAO, en el último año el precio de los cereales, especialmente el trigo, aumentó 130%; el del arroz, que es el alimento más consumido del planeta, aumentó 74%, y el del maíz, 53%; y lo mismo ha ocurrido con otros productos básicos como el aceite, la leche y la carne entre otros. En México, el gobernador del Banco de México (Banxico), Guillermo Ortiz, recién declaró que "el poder de compra de los mexicanos se va perdiendo ante una mayor inflación por el alza en el precio de los alimentos y energéticos" y que en los siguientes meses habrá un aumento del precio del maíz blanco, lo cual traerá aumento en los precios de la harina de maíz y de la tortilla.
Algunos especialistas en el tema han coincidido en que detrás del incremento en los precios de los alimentos está el aumento del precio del petróleo, que ha alcanzado niveles históricos, lo que ha traído el incremento en los precios de los combustibles para la maquinaria y el transporte que se emplean en la producción agrícola impactando el precio final de los granos. Derivado del alto precio del petróleo y, por supuesto, bajo el criterio de la obtención de la máxima ganancia en el mínimo de tiempo posible, los grandes capitalistas lo han venido sustituyendo por biocombustibles, como el etanol, alcohol que se produce a partir de la fermentación de los azúcares que se encuentran en varios cultivos energéticos, utilizando las reservas de agua y causando el desvío de tierras y capitales a una mayor producción de este tipo de combustibles en detrimento de los cultivos de plantas comestibles que se han convertido así de alimentos en simples medios para incrementar la producción y la productividad.

Y, como no conviene matar de hambre a “la gallina de los huevos de oro”, no sólo la ONU, sino hasta los grandes bandidos del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional, han lanzado gritos de alerta llamando a los gobiernos a intervenir urgentemente para evitar el “cataclismo alimentario" que puede llegar, según su apreciación, hasta el estallido de una guerra. Así las cosas, el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, está llamando a los donantes del Programa Mundial de Alimentos de la ONU -conocido como PAM- para que aumenten sus donaciones, pues según sus cálculos, en estos momentos se requieren 2 mil 500 millones de dólares para hacer frente a esta crisis. A este llamado ha acudido pronto el presidente estadounidense, George W. Bush, pidiendo al congreso 770 millones de dólares en ayuda alimentaria para “tratar de paliar” esta crisis alimenticia. Con esta bicoca pretende zafarse de su responsabilidad quien hace poco más de un año denunciara el ex presidente cubano Fidel Castro, como el promotor de "la idea siniestra de convertir los alimentos en combustible".

Lo cierto es que de seguir esta tendencia en la agricultura moderna, la misma suerte que ya cubre a millones de pobres y hambrientos en el planeta, junto con el agotamiento de los recursos agrícolas, se extinguirá también la posibilidad de un mejor futuro para nuestros hijos. No es, pues, nada difícil detectar el peligro que se cierne sobre los pobres y, más todavía, sobre la humanidad entera. No han estado, pues, fuera de la problemática mundial, sino muy centrados en ella, los reclamos de la clase obrera, de quienes producen la riqueza y no disfrutan de ella.