jueves, 26 de marzo de 2009

¿CAMBIO DE ACTITUD?

Adriana Argudín Palavicini

El pasado domingo 15, el Partido de la Revolución Democrática (PRD) llevó a cabo elecciones abiertas a la ciudadanía para elegir a sus candidatos a diversos cargos de elección popular. Este ejercicio se llevó a cabo en los estados de Zacatecas, Morelos, México y el Distrito Federal, considerados como bastiones de este partido, para elegir candidatos a delegados, alcaldes, diputados federales y locales. Interesa destacar que con esta elección, para el caso de los candidatos a diputados de mayoría al Congreso de la Unión, sólo se determinaría una pequeña parte (53); el resto de los candidatos a diputados de mayoría y la totalidad de los candidatos a diputados plurinominales los elegirá el Consejo Nacional de este partido el próximo día 28.

La capital de la República fue el laboratorio electoral del PRD, tanto para los comicios del presente año como para los de 2012, pues aquí correspondieron la mayoría de los 40 distritos en que se llevó a cabo la elección, también se eligió la mayor cantidad de candidatos (además de los candidatos a diputados federales se eligieron también 40 diputaciones locales y 16 jefaturas delegacionales) y es en donde se concentró la mayor cantidad de votos (650 mil, según la comisión nacional electoral de este partido). Quizás por eso, fue aquí en donde se registraron –de acuerdo con los propios miembros de dicho instituto político- las mayores irregularidades.

Afloraron, como es ya costumbre en el PRD, discrepancias y pleitos entre sus principales corrientes acusándose mutuamente de haber cometido una serie de irregularidades –que los aspirantes habían acordado no cometer- tales como: compra de votos, acarreo de votantes, entrega de despensas y coacción del voto, entre otras, mismas que fueron creciendo a medida que pasaban los días y se fueron alimentando de hechos derivados de la propia labor de la comisión nacional electoral perredista. Entre estos hechos, destacaron el retraso en el conteo oficial de los votos, que llegó a tal grado que se acercaba peligrosamente el plazo límite legal para impugnar la elección y aún no se daban a conocer las cifras oficiales; y la suspensión del Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP) debido a que –aseguró la citada comisión- los primeros datos de la elección “fueron manipulados por un hacker”. Además, se registraron hechos violentos en algunas delegaciones, destacándose Iztapalapa (considerada la más importante por el número de electores en el D. F.), donde simpatizantes de Izquierda Unida amenazaron con quemar la sede nacional de su partido, y Coyoacán, donde fueron quemadas la totalidad de las boletas de la elección, por lo que, al parecer, los candidatos tendrán que ser designados directamente por el Servicio Estatal Electoral de su partido.

Para el PRD no ha terminado aún esta primera etapa del proceso electoral con vistas al 5 de julio. Falta por ver cómo se resuelven las inconformidades entre Izquierda Unida y Nueva Izquierda de lo cual dependerá cómo llegará este partido a su ya muy próximo Consejo Nacional. Lo que sí queda claro, al menos en mi muy modesta opinión, es que en tanto se sigan presentando irregularidades del tipo de las que aquí he mencionado, que siembran la desconfianza, el descontento y la incertidumbre entre la ciudadanía, difícilmente podrá el PRD o cualquiera de los partidos políticos existentes, coadyuvar a reducir el abstencionismo a su mínima expresión.
Las frías cifras hablan por sí solas. De acuerdo con estadísticas del Instituto Federal Electoral (IFE), la abstención en las elecciones federales intermedias registra un promedio histórico de 50 por ciento a partir de 1991 en que la ausencia de votantes fue de 34 por ciento; en 1997, llegó a 42.31 por ciento y, en 2003 alcanzó su máximo histórico de 58.3 por ciento. Cifras muy preocupantes sin lugar a dudas y que seguramente conocen bien y con todo detalle los partidos políticos. ¿Cuál será, entonces, su compromiso para revertir esta penosa realidad? Por lo pronto, en el caso del PRD, bastó una probadita para dejarnos el mismo sabor de boca que hasta ahora nos ha dejado.